Cumplir 29 no es
la misma pendejada de cumplir 28. Por eso mis 28 los pasé bebiendo ron pagado
por otro y ahogando penas muy mías en una boda. Me fue indiferente. Estaba
dejada, dolida y en la incertidumbre habitual que deja una ruptura amorosa. Los
28 aun me hacían sentir en mis veinte. Era un nuevo ciclo, con las mismas
vueltas. Trabajaría como maestra (de lo mejorcito que sé hacer), estaba unas
libritas más delgada (libritas que vienen y van) y ese día en específico,
estaba rodeada de mejores amigos, celebrando la unión matrimonial de uno de los
nuestros. El cadalso le dicen unos, para mí un paso importante aunque no
obligatorio para todos.
Las bodas me
resultan emotivas. La paso idealizando y conceptuando la mía si llegase a
ocurrir. Dirán que celebrar mi cumpleaños en una fue una pequeña dosis de tortura,
ya que estaba dejada y un ex de la adolescencia andaba por esos lares (dato que
no sabían, ah charlatanes). Pues no, al contrario. Seguí anotando ideas por si
llegase el día, cante, baile, Salí con tremenda jienda, flores de centros de
mesa y la panza llena. Todo un agasajo.
Pero estos
veintinueve son un despertar abrupto. El país sumido en crisis económica, por
ende, nosotros también. No puedo darme el lujo de irme como en mis días de
gloria en Mayagüez a celebrar una semana entera. Mi hija ya tiene gustos,
exigencias y preferencias, cosa que me confirma que está creciendo. No solo son
veintinueve, es que son casi treinta y nunca falta el imprudente. Si, ese
imprudente amigo de tus padres o amigo tuyo, que al parecer la vida le va de
flores y tacitas de té y te pregunta: ¿ Estás trabajando? ¿Cuánto ganas? ¿Tienes novio? Cuándo te casas?
Carajo, que
difícil es contestar tanta intromisión a la vez. Uno se proyecta o planifica de
cierto modo y a veces las cosas, entre malas decisiones o situaciones no se dan
como esperamos. No soy Tita Frustraciones, al contrario. Soy bastante empática
con los que están en peor momento y se sobrevive mientras de goza. Gracias a la
vida y a las mil dietas que al menos no estoy tan gorda, porque si no me
saltarían con la típica frase del: “hola, nenaaaa ni te reconocí, estas mas
gordita”. Mira, que te fusilo. Si me ves más gorda, ahórrate el comentario. Los
mahones me lo harán saber.
Dejando atrás las
quejas, si algo agradezco a mis veintinueve es la genética de mis padres.No
solo me dio un IQ razonable para defenderme, sino que hay mas colágeno que arrugas. Además
de darle duro a los mejunjes nocturnos que prometen villas y castillas, no me
veo tan "escrachá" como otras y otros (al menos eso dicen). De vez en cuando
aparece algún Xy de 24 o menor que diga: “oye, creí que tenias menos edad”. A
veces es un halago, a veces una confusión. Pero eso es tema para otro día.
En fin, se
acercan los treinta y con esto digo que cada año es como un capítulo de Game of
Thrones. Se muere quien menos esperas, el héroe puede convertirse en villano o
en cobarde y al más hijo de puta puedes cogerle cariño. ¿Qué no hay trabajo?
¿Qué no hay amores? Qué aun no me caso? Sí, todo eso es posible, pero les
aseguro que no es eterno. Ya pasó una vez y estamos viva y perreando.
Los dejo, porque
una botella de vino económico y unos piscolabis esperan por mí. Que herbalife y
las cremas me preserven. Feliz cumpleaños Negra. Salud.